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Callejoon Condesa, entre 5 de mayo y tacuba, Centro Histórico, México D.F.

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lunes, 6 de julio de 2020

Incunables Mexicanos


Mauricio Magdaleno[i]

Fragmento obtenido del libro Vida y Poesía, ediciones ercilla, Santiago de Chile, 1936.

No podía pasar por alto la Biblioteca Nacional el cuarto centenario de la introducción de la imprenta en México, y en el apremio de sus prensas beneméritas y meritísimas, es una tal ocasión confirma hoy la institución la fama que de antiguo le viene por sus publicaciones pulquérrimas, lanzando a la calle el volumen de “Impresos Mexicanos del Siglo XVI”, en que se cataloga la historia del libro en la Nueva España de ese lapso, con una noticia del doctor Valtan sobre los primero “imprimydores”, que vertieron en tintas la cultura de la época.
En realidad, desde 1534 –fecha en que regresó a México el obispo, fray Juan de Zumárraga– puede considerarse introducida la imprenta a la naciente colonia. Iniciativa personal del propio prelado y del primer virrey, el preclaro don Antonio de Mendoza, desde los días de la Villa y Corte en que se vieron en vísperas del viaje a ultramar, determinaron valerse de la imprenta a efecto de propagar con más éxito las doctrinas de España. La antigua casa de Juan Cromberger, en Sevilla, cedió al artífice Esteban Martín, que llega a México en ese mismo año del 34, con todos los materiales para hacer funcionar la editorial. El maestro impresor lo fue Juan Pablo Lobardo –Giovanni Paoli, natural de Brescia; o, como estampaba en las portadas de sus ediciones meticulosas, en el latín conventual, Ioannes Paulus–, y a su iniciativa debemos la primera colección de incunables nuestros, preciosos de imaginación en las carátulas y los colofones, rigurosamente del año 39 al 59, en que otros editores continuaron la tradición cultural de la imprenta.
Hacía ochenta años que Gutenberg había sacado el primer incunable conocido, la Vulgata Latina de la Biblia. En América, desde luego, los trabajos de Juan Pablos se adelantarían a toda promoción similar en las colonias del sur, afirmando para México la gloria del origen de la imprenta en América. Apenas si en el Perú y en Venezuela iniciábase un ejercicio cultural incipiente de la civilización. Por el norte, la barbarie y el desierto medraban en su noche elemental. Y sin embargo, es vieja la sospecha de que antes del enviado de Cromberger con la primera imprenta destinada a México, ya había en el país rudimentarios antecedentes editoriales. La afirmación de Antonio de Herrera llega hasta Cortés, del que asegura enfáticamente que trajo utensilios de estampar. Pero el informe de Herrera es vago por los términos en que se expresa. Mas exacto nos parece el dicho doctor Valtan que, en la edición de homenaje de la Biblioteca Nacional, achaca a los primeros franciscanos –Pedro de Gante, Juan de Tecto y Juan de Aora– la introducción de un conato larval de la imprenta. Efectivamente, debe de haber sido “los iniciadores de algún intento primitivo de la estampa o imprenta, haciendo, por ejemplo, con su propia ingeniosidad, o mandando hacer, por los indios neófitos, algunos grabados en madera que representaban las imágenes y misterios de la religión cristiana, los que después se imprimirían sencillamente en papel de maguey, o en cualquier otra materia de las que acostumbraban usarse para los códices”. Los cronistas hablan de una “Doctrina Christiana en Lengua Mexicana”, editada en Amberes por Pedro de Gante, en 1528.
Lo cierto es que, hasta cinco años después de la introducción oficial de la primera prensa, se produce el primer trabajo conocido – la “Breve y Compendiosa Doctrina Christiana en Lengua Castellana y Mexicana”, con licencia y privilegio–. Antes aún, dentro de ese año del 39, Juan Pablos había imprimido la “Escala Espiritual” de San Juan Clímaco, que es una de tantas pérdidas de los incunables mexicanos. Los hay maravillosos de imaginación gráfica, confeccionados por el mismo Paoli: “Recognitio Summularum Reverendi”, de fray Alonso de la Vera Cruz; “Vocabulario en la Lengua Castellana y Mexicana”, de fray Alonso de Molina; “Diálogos de Doctrina Christiana en la Lengua de Mechoacan” y el “Vocabulario en la Lengua de Mechoacan”, de fray Maturino Gilberti, año de 1559. Pero como en los burgos de la edad media, el ilustre gremio tenía sus sucesores, y los de este de “imprimydores” arrancan, a  inmediato de la desaparición de Pablos Lobardo, en los esfuerzos de Antonio de Espinosa, uno de los mas exquisitos, uno de los más concienzudos artífices de la estampa – la Biblioteca Nacional reproduce, precisamente, en el libro conmemorativo, aquel bellísimo colofón con que Espinosa clausura el “Thesoro Spiritual de Pobres de Lengua de Michuacán”, en 1575– y en los de Pedro Ocharte, fundador y maestro, a su vez, de una dinastía de incansables Ochartes –la viuda de Ocharte, Melchor Ocharte, Luis Ocharte Figueroa–. También en el caso del maese don Pedro es preciso aludir a un refuerzo extranjero a la obra cultural del peninsular en la Nueva España, en virtud de que el impresor era oriundo de Rouen y hasta el nombre cultor –Ochart– debió ser refundido en fonética castellana. Las portadas de los Ochart han sido abundante y primorosamente reproducidas por la Biblioteca Nacional, y sorprende, entre todas, el esguince sacroprofano del “Calendario Franciscano para el año 1598”, elaborado con paciencia de hormigas entre la viuda de don Pedro y el maestro Cornelius Adrian Cesar, otro de los editores de este siglo XVI. Dentro de una estricta demarcación cronológica, separa al Ochart fundador de su ultimo vástago –Luis Ocharte– un macizo de faena laboriosa, que honra los nombres del francés Pedro Vailly y del piamontés Antón Ricciardi –o como se le conocía en la Nueva España, Antonio Ricardo–. Del primero, la historia de los incunables mexicanos registra un título por demás típico y característico de su hora: “Formulario para información acerca de la limpieza del linaje” (1594). La relación remata, en el epilogo de ese propio quinientos, en el trabajo de impresor de Enrico Martinez, el eminente cartógrafo que además fundía letras para imprenta y cuyo origen es borroso y, mas que nunca, desconocido. Pero como atingentemente afirma el doctor Valtan, la gloria de la litografía mexicana de ese XVI, lo fueron los libros litúrgicos y cantorales, que todos los precitados tuvieron a honor dar a la estampa, y de los cuales guarda la Biblioteca Nacional uno –quizá el mas precioso de todos por su encantadora fuerza de imaginación–: el “Graduale Dominicale”.
Bien homenajeado el cuarto centenario del arribo de la imprenta a lar nuestro. Con los estudios sobre la materia de los sabios Garcia Icazbalceta y doctor León, este de la conmemoración de hoy ultima la plenitud de la erudición de la estampa mexicana del siglo XVI, la primera del continente.



[i] Mauricio Magdaleno Cardona (Tabasco, Zacatecas, 13 de mayo de 1906 - Ciudad de México, 30 de junio de 1986) fue un destacado escritor y periodista mexicano.

viernes, 3 de julio de 2020

Mozo de Librería


Ermilio Abreu Gómez[1]
Fragmento obtenido de sus memorias II: Duelos y Quebrantos, ediciones Botas, México 1959.
(el libro La del Alba Sería, memorías I misma editorial y del año 1954 tiene la misma portada) 

***
Por mera casualidad leí un periódico que una librería solicitaba un corrector de pruebas. Más que de prisa tomé la dirección y me encaminé a ella. Se trataba de la librería de don Andrés Botas, situada en el número 9 de la calle de Bolívar. Llegué cuando apenas si estaban levantando la cortina. Me entendí con un empleado de nombre Germán. Le dije que yo había leído el anuncio, que sabía corregir pruebas y que, por lo tanto, me gustaría obtener el empleo.
German me respondió que el patrón no estaba y que yo volviera mas tarde. Así lo hice; di una vuelta por allí y volví como a la hora. Entonces hablé con don Gabriel Botas, hijo del dueño. Don Gabriel me explico lo que tenía que hacer y me dijo cuál sería mi sueldo: noventa pesos. Me pareció mucho.
Empecé a trabajar enseguida. El trabajo, la verdad, era bien duro. Primero había que barrer, de arriba abajo, el patio del almacén; después abrir cajas de libros; en seguida escribir algunas cartas y, por último, corregir las pruebas de imprenta de las obras que se publicaban.[2]
Por la tarde salía yo a repartir periódicos de modas entre los suscritores o, mas bien, suscritoras. Al volver de este encargo, ayudaba a Germán a hacer paquetes de libros para los agentes foráneos. Ya para cerrar la librería había que llevarlos al correo que estaba a dos o tres cuadras. Ponía los paquetes en un carrito de mano y, empujándolo por la calle del 5 de mayo, llegaba al correo.
Alumbraba mi camino con un farolito de papel.[3] En estos menesteres, a veces me acompañaba el otro mozo que era bruto de veras, flojonazo como ninguno e imprudente como él solo. Me dejaba la tarea mas dura: descargar el carro y subir los paquetes hasta el tercer piso,[4] donde estaba la oficina del servicio exterior. Subía a pie porque se aglomeraba tanta gente en el elevador que era imposible usarlo. El tal mozo se metía entre los coches, sin aviso ni precaución, provocando verdaderos disturbios en el tránsito. Era inútil que yo le dijera algo. Se contentaba con decirme, seco y desabrido: “de esto, usted no entiende”. A veces, abandonando el carro se iba por allí. Tenia yo que convencerlo para que me ayudara a mover el artefacto aquel y regresar a la tienda a tiempo.
Otras veces tenía yo que treparme como un chango sobre unos carros cargados de resmas de papel destinado a la imprenta. Esta imprenta era la de un señor Ballescá y estaba situada en el número 88 de la calle de Regina.
En ocasiones llevaba la comida a la casa de don Andrés, padre de don Gabriel. Don Andrés vivía en la colonia de San Rafael y si no me equivoco, estaba un poco enfermo, pues casi siempre me recibía en la cama. Le arrimaba una mesita y allí comía. Don Andrés era un hombre recio, casi fornido, daba la sensación de haber trabajado mucho pues se le veía cansado. Mientras comía me conversaba y me hacía preguntas acerca de mi vida. Le gustaba hablar de política y sus ideas eran claras acerca de los hombres y de las cosas. De reaccionario no tenía un pelo; pero le gustaba el orden y la mesura. Quería mucho a su hijo Gabriel. Mas de una vez me obligo a comer algo. Yo rehusaba pretextando cualquier cosa, pero él insistía, partía una telera, la llenaba de carne y me decía:
-No sea tonto, coma que le hará bien.
Hasta me servía un poco de vino. Cuando algún tiempo después, supe que murió me dio tristeza, era hombre bueno.
A la librería llegaban muchas gentes. A veces me ponía a conversar con ellas. Unas ya eran conocidas mías y otras no. Entre las conocidas estaban Francisco Gamoneda, Joaquín Ramírez Cabañas, Alfonso Toro, Alejandro Quijano, Genaro Estrada, el ingeniero Teodoro Ramírez, el pintor Mateo Herrera, Rafael L. de los Ríos y un señor Bernáldez. Entre los que allí conocí recuerdo a Alfonso Teja Zabre y a Martín Gómez Palacio. Teja Zabre publicó entonces una novela titulada Alas Abiertas. Gómez Palacio había publicado otra, pero no recuerdo su título.[5] También conocí a un señor muy extraño, autor o traductor de un libro fúnebre titulado Como Hablar con los Muertos.[6] Este libro tenía una pasta negra que metía miedo; yo no me atreví a hojearlo siquiera; temía que, por entre sus páginas, salieran espíritus y fantasmas. El libro se vendía como pan caliente. El público lo pedía con cierto pudor. Llegaba un sujeto y decía:
-Me da usted el libro ese de los muertos…
También conocí al gramático don Manuel G. Revilla, autor de un libro titulado En Pro del Casticismo. A mi me gustaba mucho hablar con él. No parecía gramático; es decir, no era pedante ni quisquilloso; tenía un sentido humano de la lengua y, además era buena persona. A mi me saco de mil dudas, me dio consejos y me regalo libros. No se cuando murió; pero murió al poco tiempo de todo esto que aquí te cuento.
En la librería trabaje casi un año.



[1] Ermilo Abreu Gómez (Mérida, Yucatán, 18 de septiembre de 1894-Ciudad de México el 14 de julio de 1971) Escritor, historiador, periodista, dramaturgo y ensayista mexicano. Su obra más conocida es Canek (1940), recreación de un hecho real (1761) en la que se ve proyectada la sensibilidad del pueblo maya.
[2] Efectivamente, trabajó en la citada librería, pero no de mozo. Se le ocupo para hacer las fichas de un catálogo. La limpieza del local, abrir cajas, etc. lo hacía el mozo. (N. de los E.)
[3] Al correo no se iba en la noche y había un mozo para este trabajo. (N. de los E.)
[4] En la época de que se habla no hacíamos remesas al exterior. (N. de los E.)
[5] La Loca imaginación Ed. Botas. (N. de los E.)
[6] Este libro fue publicado en inglés por la Soc. Real Británica de Ciencias Psíquicas, su traducción la hizo J. González de Gandarillas (N. de los E.)

viernes, 19 de junio de 2020

El Traje y El Libro*

Julio Camba**

Raro será el intelectual que no haya pretendido ridiculizar alguna vez en sus libros la producción en serie, pero ¿como se hace, por ejemplo, un automóvil de serie? Pues, según todas nuestras noticias, un automóvil de serie se hace exactamente lo mismo que el libro de un intelectual. Primero hay que concebirlo, que pensarlo, que planearlo y que resolver, a fuerza de imaginación y de estudio, todas sus dificultades sobre el papel, y esto es lo que pudiéramos llamar el original o manuscrito del nuevo automóvil. Luego, y, si este manuscrito obtiene la aprobación del editor, se manda a la imprenta - generalmente es necesario montar una imprenta a propósito - y se lo reproduce por millares o millones de ejemplares.

El verdadero creador de la producción en serie no fué Ford ni nungún otro de nuestros contemporáneos. Muchísimo antes que todos estos , ya Gutemberg habiendo inventado el tipo de imprenta movible, hacía de cada libro ejemplares y mas ejemplares y, cuantos más ejemplares hacía, más barato podía vender cada uno de ellos. En realidad, el verdadero creador de la producción en serie fué Gutemberg, y Ford, lo mismo que tantos otros, no ha hecho nada mas que copiar sus métodos.

No es justo, por lo tanto, el que los intelectuales se burlen en sus libros de la producción en serie. Evidentemente sería preferible que el sastre hiciera los trajes a nuestra medida a que nos los entregue ya hechos y seamos nosotros quienes, por medio de la dieta o de la gimnasia, tengamos que adaptarnos a las medidas de los trajes; pero, lo que ocurre con la ropa, ocurre también con las especialidades farmacéuticas, con las comidas de restaurante y con casi todas las cosas, incluso la literatura. Así, de cada mil lectores que adquieren un libro, no habrá nunca ni dos que lo encuentren realmente a su medida. A los 998 restantes les resultará siempre o demasiado estrecho o excesivamente holgado, y de ahí esas arrugas tan raras que, la mayoría de los libros, suelen producirles en la frente a la mayoría  de los lectores...

No. No es justo que los intelectuales censuren la producción en serie en unos libros igualmente de serie. Para que pudieran censurarla decorosamente, tendrían que renunciar a las grandes tiradas y hacer reproducir sus originales a mano, resucitando así el arte paciente y minucioso de los antiguos copistas. Y, además, tendrían que discurrir siempre por su cuenta y no servirse nunca de ideas al por mayor.

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* Hemos considerado interesante esta reflexión de Julio Camba en un momento en el que ya estaba alejado del anarquismo de acción. No sabemos el contexto que lo orillo a escribir esta breve crítica a los intelectuales y su producción serial de libros. El texto es extraído del libro etc., etc., editorial Plus-Ultra, Madrid 1945.

**Camba a los 13 años escapa de su casa embarcándose hasta llegar a la Argentina, donde colabora con los grupos anarquistas de la región, tras su expulsión, regresa a España y colabora no solo con publicaciones anarquistas, sino que comienza a publicar en los diarios republicanos para finalmente desencantarse del anarquismo de acción y simpatizar con el franquismo. Julián Lacalle, editor de Pepitas de calabaza después de un arduo trabajo de búsqueda, recopila artículos publicados en las publicaciones anarquistas, dando como resultado el libro: «¡Oh, justo, sutil y poderoso veneno!» Los escritos de la Anarquía, en el prologo, Lacalle menciona que "los artículos adolescentes de Camba no tienen ni una gota de gasa. Son gasolina en estado puro. No hay concesiones". Lacalle hace una interpretación del desencanto de Camba del anarquismo ilegalista indicando que: "es la evolución de un descreído, que acaba por dedicarse al periodismo como medio de vida, olvidando el periodismo como medio de intervención. La evolución personal desde estos textos a la defensa del golpe de Estado de Franco, treinta años después, supone uno de los testimonios históricos más ricos de la política española del siglo XX." Nosotros pensamos que prefirió gozar de las bondades y comodidades del Estado Español como periodista a meterse en problemas, creemos que el impacto ocasionado por los atentados de su amigo Mateo Morral y después de su asesinato en Torrejón, se acobardo.

Info de los libros publicados por la editorial Pepitas de Calabaza:

jueves, 27 de febrero de 2020

Crónica del intento de cierre de la feria del libro de ocasión


Rodeados de Granaderos y personal de vía pública de chalecos verdes

(video de Max Ramos)


A continuación reproducimos la crónica de nuestros compañerxs Libros Libres, sobre el intento de desalojo de la Alameda Central de la Ciudad de México de la edición XXXII de la Feria del Libro Usado y Antiguo.

¡¡NO HAY NADA QUE AGRADECER!!

 

Crónica del intento de cierre de la feria del libro de ocasión:



El día de ayer martes 25 de febrero (2020) en la ciudad de México ocurrió un hecho sin precedentes. Cuando llegamos todos los compañerxs librerxs al recinto de la feria para continuar con nuestra jornada laboral, nos encontramos con la sorpresa de que el acceso a la feria estaba lleno de granaderos, con pretexto y aviso de "sus altos mandos" para la cancelación inmediata de la feria del libro y de hacer que se ejecutara prontamente la retirada de los más de 150 expositores (muchos provenientes de distintas partes del país) y las toneladas de libros, casi como por arte de magia.

El lenguaje violento no faltó , considerando a su vez la imagen que representa también violencia ver que en tu lugar de trabajo el cuerpo de granaderos no permita la libre circulación.

 Al poco tiempo, se realizó una junta entre libreros y autoridades, y en su intento de no hacerse ver como los gobernantes que son ( ya que todo gobierno es tirano ) dieron la "posibilidad " del traslado de la feria del libro a la plaza santo Domingo, la cual se concluyó que no cumplía las condiciones para poderse ejercer la labor de la venta de libros, incluso por el tipo de estructura de las carpas, la inseguridad de la zona... nada se prestaba para poderse trasladar ahí (sin contar el dinero extra que se le tendría que invertir ).

Dicho ello no quedaba más que la retirada a pesar de la posesión del documento donde se otorgaba el permiso del uso del espacio y dónde se especificaba ( por parte de las autoridades) que la única posibilidad de revocación de dicho permiso era solo en caso de desastre natural o de sanidad...
 
Jamás se nos hizo llegar a lxs libreros documento alguno con la revocación del permiso otorgado y mucho menos se dio un argumento sólido más que el mencionar que un funcionario se dio cuenta de que la zona es "área recuperada" lo cual deja asomar los intereses políticos que se tienen internamente entre las personas e instituciones que están de acuerdo en la realización del evento y de las que no .

Al transcurrir algunas horas del día, por fin se permitió abrir el paso para poder guardar los libros con más libertad, y ya siendo de noche pasó F. Noroña en su vista rutinaria de compra libros y se da cuenta del retiro de la feria.

De ahí lo que pasó fue bueno para todxs lxs compañerxs librerxs, pero que aún deja asomar lo arbitrario de toma de decisiones y el como su propia legalidad no tiene ninguna validez si se trata de sus intereses particulares.

Noroña se dio a la tarea de realizar unas llamadas , desaparece por unos momentos y al regresar dio la noticia de que la feria del libro iba a seguir.

Como mencionábamos , nos sentimos bien por lxs compañerxs pero es oportuno visibilizar que en ningún momento Noroña pidió el documento con el cual se contaba, sólo fue cuestión de realizar una llamada y en un abrir y cerrar de ojos ya no existía ese problema.

Como Biblioteca y Centro social María Talavera y libros libres librería nos es necesario visibilizar como el sistema burocrático y estatal tiene interés nulo en acatar su propia legalidad teniendo en cuenta que dicho documento de otorgación del permiso que se tenía en regla y forma jamás fue necesario para ninguna decisión posterior; tanto para quitar la feria del libro así como tampoco para dar solución, solo fue cuestión de quién pidiera “de favor” que no quitaran la feria.

Es increíble cómo la labor del libro y el sustento de más de 150 personas depende de decisiones de esta naturaleza y que se toman así de pronto y a capricho de unos pocos.

Y con todo esto, reafirmamos nuestra labor y nuestra posición política de apostarle a la autogestión, la autonomía, que aunque busquen mil formas de perjudicarnos, intentaremos generar las vías necesarias para seguir trabajando, difundiendo la lectura, las ideas. Sin duda el oficio del librero cada vez más se ve azotada por distintos factores a ser borrado, darle paso definitivo a las grandes editoriales que representan un negocio hecho y derecho, porque el libro de ocasión incomoda, no está en cinta de sus normas fiscales, entre otras cosas.

 Gracias a todxs por su apoyo y difusión.